Los Jaivas: ¿Del Idealismo hippie a yuppies de la música?
No seré yo quien descubra el mérito y el aporte de Los Jaivas en lo concerniente a la música latinoamericana en los 70 y parte de los 80. Tampoco he de cuestionar el profundo arraigo popular de la banda, que ha llevado inclusive a la modificación ortográfica dentro de los mercados del país donde se ofrecen diversos productos marinos.
Mi viejo me llevo a verles en vivo en un par de ocasiones (antes y después de la muerte de Gabriel). Pero al crecer y desarrollar curiosidad musical me di cuenta que ellos no eran la única banda chilena que hacía cosas interesantes. También descubrí el engaño al que fuimos llevados muchos hijos de la dictadura, el engaño de creer que toda lo proveniente de los 70 era ejemplo de compromiso hacia ideales y revolución, cuando en realidad muchos de esos fueron los que en aquellos mediodías familiares no se pronunciaban sobre lo que ocurría, quizá a pocos kilómetros de casa.
No quiero hacer leña del árbol caído. Eso que quede claro.
Pocas horas después de que en los medios se diera a conocer el fallecimiento de Eduardo “Gato” Alquinta, me encontraba bebiendo unas cervezas en un bar porteño. Sin querer, me puse a escuchar una conversación de dos tipos un poco mayores que yo que se encontraban en la mesa adyacente a la mía.
- El “Gato”, socito, no murió ni de un infarto, ni de sobredosis, ni se ahogo. - explicaba el de barba y lentes a lo John Lennon- El compadre fue tras la “Gran Jaiba Blanca”, que se lo llevó al fondo del mar.
El otro tipo, volado también hasta las patas, sólo atinaba a balbucear alguna canción. Esta de más decir que la imagen del gran crustáceo atrayendo al músico me parece tremenda.
Junto al “Gato” Alquinta, comienza la agonía y el principio del fin de una generación, de una postura y de una actitud. Es la extinción de la generación de la falta de compromiso y del escapismo constante a la realidad. Aquellos que quizá votaron por la UP, y se quedaron de brazos cruzados cuando el golpe era un hecho. Gente que hizo de “Palomita Blanca” un ideario de vida. Gente que contaminó a muchas otras generaciones y que su única ideología o clave musical termino siendo la marihuana, de otra manera no se entiende la asociación de estilos musicales tan diversos como el reggae, la trova cubana y el rock progresivo.
Los Jaivas nunca se comprometieron políticamente con nadie. Ni siquiera en los momentos en que había que estarlo. Lo más cercano a esto es quizá, fue un pequeño coqueteo con el sello Dicap (de la JJ.CC), y su participación en una suerte de documental que relataba el frustrado golpe de Estado de junio del ’73. Sólo fueron hippies y su única bandera fueron la paz y el amor, ideales que los hicieron pecar en gran medida por omisión. Nunca una declaración sobre los regímenes dictatoriales, que azotaban a su “querida Latinoamérica”, menos una canción sobre derechos humanos. Nada de nada. Entonces, ¿Cómo se entiende el fervor popular?, sólo de una manera, Los Jaivas son el grupo perfecto para la idiosincrasia de este país, o sea ni chicha ni limonada.
Los hermanos Parra y Cía., no fueron exiliados. Se fueron solos, por que las condiciones para desarrollar su arte no eran las adecuadas en este país. Luego, y después del desafortunado episodio vivido por Eduardo Parra en Argentina, (preso político por error) decidieron huir también de la dictadura argentina con destino a Europa. Pero Los Jaivas, no representaron jamás una amenaza ni para Videla, ni para Pinochet quien los utilizó para servir de circo al pueblo. Hay que recordar que cuando nadie venía a Chile a hacer un concierto, Los Jaivas vienen y sin sonrojarse, tocan en el año 1975 en directo en Viña del Mar y luego en Santiago, lo que repitieron en varias ocasiones posteriores.
La segunda mitad de los ochenta no fue muy positiva, en Europa no les iba del todo bien, y en nuestro país el fenómeno del rock latino, encabezado por Los Prisioneros, los hizo pasar a un segundo plano. El plebiscito del ‘89 los pilló con Gabriel ya bajo tierra. No se les vio ni en manifestaciones, ni en la franja televisiva, ni en nada que pudiera comprometerlos. Una vez más Los Jaivas hacían oídos sordos, a lo que mucho de sus seguidores querían. Verlos aunque fuera por una vez jugados por algo.
De retorno a la democracia, y con Juanita en la batería, y el itinerante Mario Mutis nuevamente en la alineación, se suceden algunos discos bastante predecibles y que apelan más a la nostalgia que a la calidad o novedad. Hay una leve señal de querer remediar de alguna manera su falta de compromiso social, y toman una torpe y poco comprometida postura ecológica, la que se refleja en sus últimos discos.
Listos para celebrar sus 40 años juntos, la tragedia nuevamente los enluta. Muchos (dentro de los cuales me incluyo) esperamos que la muerte de Eduardo Alquinta, signifique el fin de la banda. Los funerales del “Gato” se convierten en un extraño ritual y conjunción de diversas personalidades de la nación. Gente de derecha, de izquierda, hippies, el sello Sony con una enorme pancarta de despedida, (que es a su vez una “bienvenida” al enorme repunte en las ventas de los productos de la banda en los días venideros) amigos, admiradores y todo el fervor de un pueblo que nunca les dejo de seguir. Parecía un final ideal y el comienzo definitivo de la leyenda. Pero no. Antes de que el cuerpo sin vida de Alquinta se enfriara por completo, el resto de los integrantes deciden que deben seguir adelante y ojalá con algún hijo del finado. El show debe continuar y como no, si lentamente se ha transformado en negocio familiar. Esperamos de todo corazón que esta sea la última gira, ya que sólo se entiende como un tributo. Un disco nuevo sería la reafirmación de que de ideales hippies se transformaron en unos yuppies de la música.
*Texto original aparecido en revista "CIUDAD INVISIBLE", Nº 5, año 2, otoño 2003, Valparaíso.

Joan dijo
Gran texto. estuvimos hablando alguna vez sobre ellos, recuerdo que me comentaste esa opinion, sin embargo he aprendido mucho con este analisis exhaustivo. Gracias.
19 Abril 2006 | 12:42 PM