El mítico club CBGB tendrá finalmente que cerrar sus puertas debido a un litigio de alquiler entre los inquilinos y los propietarios de un local que fue la cuna y era hasta ayer el santuario del punk en Nueva York.

El contrato de renta de la sala concluyó el miércoles, sin que las partes enfrentadas alcanzaran un acuerdo de prórroga para que no se apague el lugar donde se consagraron o vieron la luz bandas como The Ramones, Blondie, Talking Heads y B-52.

La disputa se debe a la falta de pago en el alquiler por parte de los inquilinos, encabezados por el promotor Hilly Cristal, y los propietarios, la organización Bowery, que ayuda a mendigos y dirige el ejecutivo Muzzy Rosenblatt.

Rosenblatt alega que la deuda asciende a 90.000 dólares en atrasos, y aunque la justicia le eximió en agosto del pago de esa cantidad, Cristal tendrá que abandonar el local al no lograr las dos partes un acuerdo para renovar el contrato de renta.

“Confío en que la evacuación se produzca de manera rápida y voluntaria”, advirtió el ejecutivo en un comunicado que divulgó el jueves ante el cariz que puede tomar un desalojo en el que todos parecen estar en contra de su organización.

“Es por el interés de nuestros clientes”, explicó, en alusión al perjuicio que el impago causa a los mendigos que son atendidos por su grupo, para justificar una decisión que el promotor de la sala ha llevado al plano personal.

“Solo hay un culpable. Se llama Muzzy”, contestó Cristal, que acusa al ejecutivo de no tener voluntad de negociación.

En la polémica han terciado en las ultimas semanas aficionados, artistas e, incluso, las autoridades de la ciudad, que sin desdeñar el trabajo de la organización de caridad subrayaron la pérdida cultural que supone el cierre del club de música.

“Esta pieza simboliza el por qué estamos aquí”, proclamó Debbie Harry, cantante de Blondie, antes de que esa banda tocara ayer la canción “In One Way or Another” (de una manera o de otra) en un concierto callejero en favor de la supervivencia de la sala.

“Vamos a seguir luchando para que CBGB continúe existiendo”, dijo por su parte Steven van Zandt, cuya banda E Street Band -que suele acompañar a Bruce Springsteen- también participó en la cita musical, que reunió a unas 2.000 personas.

El propio alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, ha ofrecido su mediación para trasladar el club a otro local.

El edil -que ya ha iniciado la campaña electoral para intentar renovar su cargo en noviembre-, lució el martes una camiseta con el lema “Salvemos el CBGB”.
Abierta en 1973, la famosa sala se encuentra en el Village, barrio del este de Manhattan que ha sido nido tradicional de artistas, bohemios y marginados.

En los inicios de su existencia, de más de treinta años, el club adoptó la filosofía de no cobrar mas que un dólar de entrada y prestar su escena solo a bandas sin discos en el mercado.

El nombre completo del local, que siempre ha suscitado interrogantes, está compuesto por los acrónimos CBGB-OMFUG.

Las primeras siglas son las iniciales de Country, Bluesgrass and Blues, mientras que las segundas parecen ajustarse más al verdadero espíritu punk, ya que corresponden a las de la frase Other Music For Uplifting Gormandie, en castellano algo así como “Otra Música para la elevación espiritual de los glotones”.

Como el resto de las salas de música punk del globo, el CBGB se caracteriza por lo reducido y oscuro de los espacios, la multitud de carteles y “graffiti” en las paredes y un ambiente que rezuma un fuerte aroma a cerveza.