Nada personal. No es referencia o crítica ni a la música, ni a la lírica, ni a nada relacionado con Álvaro Peña “entidad artística”. El hecho de que alguien practique la originalidad, debería ser respetable a priori, y si agrada o no ese arte, ya es harina de otro costal.
Quiero centrarme en esa vieja tradición arribista, de colgarse carteles que no corresponden, o sacar dividendos de la victoria ajena, cuando a ésta sólo la hemos rozado.
No sé cómo, ni quien lo denominó –¿o se autoproclamó?-, si fue otro desacierto periodístico más, que lo llevó a creerse el cuento ese del “Primer Punk Chileno” y a convertirse en un mito de escasa leyenda.
Que Joe Strummer lo recordara, no quiere decir nada, y sólo denota a alguien con una gran memoria, que la fama no logró eclipsar.
Es Peña quien por lo general advierte que no se referirá acerca de Strummer – Woody Mellor, en ese entonces- pero siempre termina hablando de él, los Clash, siempre rociando cierto veneno cuando opina de las aptitudes musicales de éstos. Y eso es todo.
Los 101’ers, no fueron la gran cosa, que teloneran a los Sex Pistols una fecha en Nashville, no significa que fueran punks, de hecho el único “Iluminado”, luego de esa noche fue Strummer, que se dio cuenta que con los 101’ers no iba para ningún lado y que la mano se venía bajo la premisa de “Hazlo tu mismo”.
De la carrera solista de Álvaro, no hay mucho que recordar, si queremos relacionarlo con el ritmo de las cadenas y los pelos multicolor. Así que de punk… ¡Nada señores!.
Por eso, a mí no me venga a vender la pomada esa de “Primer Punk Made In Chile”, los primeros punks chilenos, fueron otros.
Lo lastimero de todo esto, es que él siga el juego. Una vez me lo tope por ahí, con su maletín, con sus singles, sus recortes y fotocopias, sus añoranzas de tiempos buenos, al verlo no pude evitar en recordar a otro personaje del puerto: Marcelo Rossi, el Elvis Chileno.
Aunque goza de cierta fama internacional (sobre todo en Alemania), ésta no es comparable con la de Lucho Gatica o la de Tom Araya (verdaderos íconos de sus estilos de música en el extranjero), pues Álvaro Peña no entiende la premisa primigenia del punk, que es tener la actitud primero, las ganas después y la técnica al final. Él va de artista, de músico con cierta calidad por la vida, cosa que es sumamente legítima, pero no acorde con lo del punk.
Y lo más patético, es esa pequeña turba enceguecida, ávida de escuchar las historias de sus héroes, historias de primera mano de un okupa que tuvo la suerte de estar en el mismo tiempo y en el mismo lugar donde ardían las papas, pero que, al fin y al cabo, actúan con la perversa lógica de idealizar a alguien que tiene la misma trascendencia histórica en el mundo del rock & roll, que Pete Best, el baterista que los Beatles despidieron apenas pudieron y que hoy vive gracias a la caridad que le dejan las convenciones de los fanáticos.
Publicado originalmente en: www.antiparasitos.cl

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